Dedicarse al arte, un acto de valentía.

"David", Miguel Angel. (Galería de la Academia, Florencia).

“David”, Miguel Angel. (Galería de la Academia, Florencia).

En un día donde el arte contemporáneo inunda las secciones de cultura, esperando que se mejoren los resultados de otras ediciones, me viene a la mente la majestuosa escultura David de Miguel Ángel. La obra de arte del Renacimiento localizada en la Galería de la Academia en Florencia, me hace pensar en cómo esas manos de escultor también pudieron crear el fresco de la Capilla Sixtina. Miguel Ángel era escultor y no pintor pero, aun así, acepta el encargo y el riesgo de fracasar, haciendo de este hecho histórico un auténtico acto de valentía.

David fue un regalo que le hizo Miguel Ángel a la sociedad y la prueba de que el arte es más que un pensamiento. El escultor creía que en cada bloque de mármol existía un alma, una obra latente que él trataba de recuperar. Contemplarlo te lleva a buscar en lo más profundo de ti el significado de la Belleza y nada tiene que ver con que quieras llevarte la pieza de cinco metros de altura a tu colección privada, ni que no tengas que continuar con tu vida rutinaria después de verla, simplemente te produce placer.

Quizás si hoy existiera Miguel Ángel haría instalaciones, videoarte u otro formato de arte diferente. Pero ante una sociedad que le gusta lo conocido y le da miedo el cambio, que a la mínima piensan en el intrusismo en cualquier ámbito, reflexionar sobre nuevos formatos debe ser un auténtico atrevimiento.

A lo largo de la historia, movimientos artísticos, coleccionistas y los propios artistas han ido transformando su forma de expresarse a través del arte, por y para una mejora de la propia sociedad, a veces sumergidos en censuras o enfrentados al entorno socio-económico que les rodeaba. En esta etapa o escenario no será una excepción, por lo que dedicarse al arte será siempre un acto de valentía.

Los artistas alteran su modo de expresión para reflejar lo que en cada momento les rodea. Los comisarios profundizan e investigan líneas de trabajo de artistas para ofrecernos críticas o nuevas perspectivas de pensamiento. Los espacios culturales muestran proyectos expositivos muchos de ellos grandes espectáculos visuales y las ferias de arte incluyen experimentos que rompen con las actuales reglas del juego. Sin embargo, antes de que tengan mayor trascendencia en la sociedad, llega la paralizadora crítica que cuestiona si realmente todo ello es necesario o preguntan qué función tiene el arte para un público a veces dormido e inconsciente del significado real de la vida. A todo esto se le une que desconfiamos del arte conceptual y minimalista porque quizás no lo comprendemos, y menospreciamos, por ejemplo, la performance, porque en nuestro interior nos podemos sentir amenazados por el cambio, en vez de abrir la mente a otras posibilidades.

No cabe duda, que para que haya una mejor aceptación de las nuevas propuestas artísticas y se comprenda y valore el arte contemporáneo hace falta algo más. La creación de políticas en educación artística útil o que los legisladores respalden normas que tengan en cuenta las particularidades del mercado de la cultura o el arte, ayudarían a que se comprendiera mejor todos los tipos de arte. Sin embargo, todo empieza por la percepción dentro de la profesión, siendo honestos.

Miguel Ángel pudo haber dicho no al encargo de la Capilla Sixtina al ser escultor, pero trató con mucha creatividad y respeto a su profesión. Nadie había pintado nada así nunca y nadie ha vuelto a pintar nada así de nuevo. Romper hoy con los formatos actuales y las reglas establecidas del mercado exige atrevimiento, pero es el hecho de no rendirse ante los obstáculos y las negativas, comprometiéndonos cien por cien con nuestro trabajo y tomándonos a nosotros mismos en serio, el que constituye la auténtica prueba de valor.

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